—¡Estoy embarazada de Odin, Lucero! —exclamó Verónica, con la voz entrecortada por la emoción y el miedo—. Pero… él nunca me va a creer.
Sus manos temblaban mientras sostenía el teléfono con los resultados aún abiertos. Sus ojos estaban llenos de lágrimas contenidas, y su respiración era irregular, como si no pudiera asimilar completamente lo que acababa de descubrir.
Lucero la miraba con una mezcla de sorpresa y preocupación. Sabía que aquella noticia cambiaría todo, no solo para Verónica, sin