Un mes después.
El tiempo había pasado más rápido de lo que Verónica imaginó. Su vida había cambiado de forma significativa: ahora vivía en su propio departamento, un espacio elegante que reflejaba su buen gusto y su nueva independencia. Cada rincón tenía algo de ella, de sus sueños, de esa versión más fuerte que había decidido ser.
Y, sobre todo, estaba Odín.
Pensar en él le dibujaba una sonrisa inevitable. Su relación avanzaba con firmeza, con una intensidad que la hacía sentir segura, deseada