La tarde comenzaba a desaparecer lentamente detrás de las colinas que rodeaban la residencia Alarcón. El cielo se había teñido de tonos anaranjados, dorados y violetas, creando un paisaje tan hermoso que parecía irreal. El viento movía suavemente las copas de los árboles mientras las sombras se alargaban sobre los extensos terrenos de la propiedad.
Aurora continuaba montando.
Necesitaba tiempo.
Necesitaba distancia.
Sobre todo, necesitaba mantenerse lejos de aquella casa donde cada sonrisa