Mundo ficciónIniciar sesiónAurora abrió los ojos lentamente, durante unos segundos permaneció inmóvil, intentando comprender qué había interrumpido el silencio que reinaba dentro del vehículo. Su corazón todavía conservaba la tranquilidad que había encontrado unos minutos atrás, pero aquella sensación desapareció en cuanto distinguió la figura sentada a su lado.
Jacob. El aire pareció atascarse en sus pulmones, el hombre se acomoda a su lado, simplemente estaba allí. Como si hubiera surgido de la nada. La puerta del vehículo ya estaba cerrada. El ruido lejano del estacionamiento apenas llegaba al interior gracias a los cristales polarizados que aislaban casi por completo el mundo exterior. Aurora tardó varios segundos en reaccionar, lo primero que llamó su atención fue el reloj que rodeaba la muñeca masculina, era un elegante reloj de oro. Sobrio. Costoso. Impecable. La luz que atravesaba la ventanilla se reflejaba sobre la superficie metálica, proyectando pequeños destellos dorados. Aurora observó el movimiento de las agujas. Después levantó lentamente la mirada. No entendía qué hacía Jacob allí. Jessica debía encontrarse con él. No tenía sentido que hubiera regresado tan pronto. Confundida, giró la cabeza hacia la ventanilla. Intentó buscar a su hermana entre la multitud que caminaba por el centro comercial. Tal vez venía detrás de él. Tal vez estaba por salir. El sobresalto fue inmediato. Toda su espalda se tensó. La respiración se le cortó. Una mano masculina acababa de apoyarse sobre su muslo por encima de la tela de su vestido. No fue un gesto cariñoso, tampoco parecía una caricia. Fue un acto de control, una acción calculada para llamar completamente su atención. Aurora giró la cabeza de golpe. Sus ojos azules se encontraron con los de Jacob. El hombre no apartó la mirada. La sostuvo. La dominó. La atravesó. Había algo inquietante en aquellos ojos oscuros. Algo que la hizo sentir observada más allá de las palabras. Más allá de las apariencias. Más allá incluso de sus propios pensamientos. —Mírame cuando te hablo. La voz de Jacob llenó el reducido espacio del vehículo. Profunda. Ronca. Autoritaria. Cada palabra parecía una orden imposible de ignorar. Aurora tragó saliva. —¿Dónde está Jessica? La pregunta salió casi en un susurro. Jacob ni siquiera respondió, su expresión permaneció inalterable. —Escúchame con atención. Donde esta ella no tiene nada que ver contigo. La tensión aumentó inmediatamente. Aurora sintió un mal presentimiento. Uno muy fuerte, porque conocía aquel tono. Era el mismo que utilizaba cuando no esperaba discusión alguna. Cuando daba una orden, cuando tomaba una decisión, cuando no estaba dispuesto a escuchar opiniones ajenas. —Lo que se habló hoy en la clínica no sale de esta conversación. Aurora frunció ligeramente el ceño. —No entiendo. Los ojos de Jacob se endurecieron. —Lo entenderás perfectamente. El silencio se volvió pesado. Aplastante. —Ante todos — Hizo una pausa.—Y para todos, ese embarazo será por fertilización in vitro. Aurora parpadeó confundida. —Pero fue usted quien... —No me interrumpas. La frase cayó entre ambos como una losa. Aurora cerró la boca inmediatamente. Jacob continuó observándola. —No me interesa lo que escuchaste en la clínica. —Jacob... —Tampoco me interesa lo que pienses. Su tono era peligrosamente calmado y precisamente por eso resultaba más intimidante. —Quiero que entiendas algo. La mano masculina se tensó ligeramente. Aurora sintió cómo el miedo comenzaba a instalarse lentamente en su pecho. —Si alguien pregunta. Dirás exactamente lo que yo diga — El corazón de Aurora comenzó a latir con fuerza. —No entiendo por qué... —Porque yo lo ordeno. Aquellas palabras fueron suficientes, brutales en su sencillez. Jacob jamás se había preocupado por explicar sus decisiones y aquella vez no parecía diferente. El hombre inclinó apenas la cabeza. Sus ojos oscuros permanecieron clavados sobre ella. —Jessica no debe saber nada. Aurora sintió que algo no encajaba, algo estaba ocurriendo algo que Jacob ocultaba deliberadamente. Pero cuanto más intentaba comprenderlo, menos respuestas encontraba. —¿Por qué? La pregunta escapó antes de que pudiera detenerla. Un error. Lo comprendió en el mismo instante, porque la expresión de Jacob cambió, no demasiado, solo lo suficiente, la oscuridad de su mirada se volvió más intensa, más fría, más peligrosa. —Te estás acostumbrando a cuestionarme. Aurora sintió un escalofrío. —Solo pregunté. —Y yo ya respondí. Fuera del vehículo, la gente seguía caminando sin imaginar la tensión que existía dentro de aquel espacio reducido. Jacob la observó durante largos segundos. Después habló nuevamente. —Anoche desobedeciste una orden mía. El corazón de Aurora se hundio, sabía que volvería a mencionarlo,.lo había sabido desde el principio. —No fui al hotel porque... —No me interesa la explicación.— Su voz sonó más fría que nunca. —Lo único que me interesa es que no vuelva a ocurrir. Aurora bajó la mirada y fue entonces cuando sucedió algo que incluso ella percibió. La luz que normalmente habitaba sus ojos azules comenzó a apagarse lentamente. No físicamente. Sino emocionalmente. Como si cada palabra estuviera arrancándole una pequeña parte de la confianza que intentaba conservar. Como si cada amenaza silenciosa la obligara a encerrarse un poco más dentro de sí misma. Jacob lo vio. Vio cómo el brillo desaparecía. Cómo aquellos ojos claros se volvían opacos. Tristes. Resignados. Pero no apartó la mirada. No retrocedió. No suavizó el tono. —Si vuelves a ignorar una orden mía... Dejó la frase suspendida, el silencio terminó el trabajo. A veces las amenazas más efectivas eran precisamente aquellas que nunca se pronunciaban por completo. Aurora sintió un nudo en la garganta. —Entiendo.— La respuesta apenas fue audible. Jacob permaneció inmóvil. Observándola. Analizándola. Como si intentara descifrar algo que ni siquiera él comprendía. Por un instante, algo extraño cruzó su rostro. Algo fugaz. Tan breve que Aurora no alcanzó a identificarlo. Quizá duda. Quizá frustración. Quizá algo completamente distinto. Pero desapareció tan rápido como apareció y volvió a quedar únicamente aquella expresión impenetrable. Aquella máscara fría que parecía protegerlo del resto del mundo. Afuera, las puertas automáticas del centro comercial se abrieron una vez más. La multitud continuaba moviéndose. Los vehículos entraban y salían del estacionamiento. La vida seguía avanzando. Y, sin embargo, dentro del automóvil parecía haberse detenido el tiempo. Aurora observó nuevamente por la ventanilla. Buscando distraerse. Buscando escapar de aquella conversación. Buscando cualquier cosa que le permitiera recuperar el aire. Pero una sensación persistente continuó acompañándola. La sensación de que Jacob ocultaba algo.






