C-3 MANERA NATURAL

El amanecer llegó envuelto en una tenue luz dorada que atravesaba los enormes ventanales de la villa Alarcón. Afuera, los jardines lucían impecables bajo el rocío matutino, pero dentro de la mansión la tranquilidad era apenas una ilusión sostenida por apariencias cuidadosamente construidas.

Aurora había dormido poco. Cada vez que cerraba los ojos recordaba la discusión de la noche anterior. La mirada oscura de Jacob. Su voz grave resonando cerca de ella. La advertencia disfrazada de promesa. Aquello había permanecido dando vueltas en su mente hasta altas horas.

Cuando descendió las escaleras encontró a Jessica sentada en la mesa principal del comedor. La mujer revisaba su teléfono mientras bebía café. Al escuchar los pasos de su hermana, levantó la vista lentamente. Una sonrisa fría apareció en sus labios perfectamente maquillados.

—Buenos días, Aurora.

—Buenos días.

Jessica dejó el teléfono sobre la mesa.

—Sírveme el desayuno. No olvides que solo eres una sirvienta para mi, solo debes de servirme.

Aurora permaneció inmóvil durante un segundo, no era una petición, era una orden, un recordatorio. Jessica apoyó la espalda contra la silla.

—¿Qué sucede? ¿Ahora también vas a ignorarme?

Aurora bajó la mirada, no quería discutir, no aquella mañana. Se acercó a la mesa dispuesta a obedecer cuando un sonido inesperado interrumpió el momento.

Se escuchan pasos firmes, seguros, qutoritarios. Tanto Aurora como Jessica giraron al mismo tiempo hacia la entrada del comedor, la sorpresa fue inmediata.

Jacob acababa de aparecer.

Las dos mujeres quedaron inmóviles.

Era extraño verlo allí a aquella hora. Habitualmente salía temprano rumbo a la empresa. Su rutina era casi inalterable. Sin embargo, aquella mañana parecía no tener ninguna intención de marcharse de inmediato.

Vestía un elegante traje oscuro que resaltaba su imponente figura. Su presencia llenó el comedor de una autoridad silenciosa. Bastó su llegada para alterar por completo el ambiente entre las hermanas.

Jessica fue la primera en reaccionar.

—Jacob, amor, pensé que ya estarías en la oficina.

Los ojos del hombre recorrieron brevemente el lugar, su mirada se detuvo apenas un instante sobre Aurora, después volvió a Jessica.

—Cambió mi agenda — Su voz profunda inundó el comedor. Era una voz poderosa, ronca, masculina.

Cada palabra parecía resonar con una fuerza natural que no necesitaba elevar el volumen para imponer respeto. Cuando hablaba, era imposible ignorarlo.

Jessica sonrió.

—Entonces desayunaremos juntos.

Jacob tomó asiento.

—No tengo tiempo.

Aurora sintió un extraño alivio. Sin embargo, aquel alivio desapareció cuando Jacob continuó hablando.

—Dentro de una hora iré con Aurora a la clínica.

El silencio fue inmediato. Jessica abrió los ojos.

—¿A la clínica?

—Sí.

—¿Para los estudios?

—Exactamente.

La emoción iluminó el rostro de Jessica. Durante varios días había esperado aquel momento.

—¡Eso es maravilloso!

Aurora apretó los dedos debajo de la mesa. Ella no compartía el entusiasmo. Jessica se volvió hacia Jacob.

—Entonces yo también iré.

Jacob sostuvo su taza de café.

—Como quieras.

Aquella respuesta pareció suficiente para Jessica. La mujer comenzó a hablar inmediatamente sobre nombres de bebés, decoración de habitaciones infantiles y futuros planes familiares. Su entusiasmo resultaba tan intenso que apenas dejaba espacio para intervenir.

Aurora permaneció en silencio y aun así podía sentir la mirada de Jacob, de vez en cuando, breve, discreta, pero constante.

Cada vez que ella levantaba la vista encontraba al hombre observándola durante una fracción de segundo antes de apartar los ojos.

Aquello la inquietaba más de lo que estaba dispuesta a admitir.

Una hora después abandonaron la villa.

Jessica ocupó el asiento de copiloto, mientras Aurora permanecía junto a la ventana en el asiento trasero, Jacob conducía personalmente. El interior del vehículo estaba dominado por un silencio incómodo interrumpido únicamente por la voz animada de Jessica.

—También quiero ir de compras esta tarde — Jacob no respondió. —Necesito renovar mi guardarropa. Y quizá podamos visitar algunas tiendas para bebés.

Jessica frunció ligeramente el ceño ante la no respuesta de Jacob.

Mientras tanto, Aurora observaba el paisaje urbano pasar frente a sus ojos. Fingía concentración absoluta en las calles, aunque era perfectamente consciente de que Jacob la observaba ocasionalmente mediante el espejo retrovisor.

Cada vez que eso ocurría, su corazón daba un pequeño salto. Ella fingía no darse cuenta.

Jacob fingía exactamente lo mismo.

El trayecto terminó cuarenta minutos después.

La clínica privada pertenecía a una de las cadenas médicas más prestigiosas del país. El edificio moderno reflejaba lujo y exclusividad desde la entrada principal hasta el último detalle arquitectónico.

Un enfermero los recibió apenas ingresaron.

—Buenos días, señor Alarcón.

—Buenos días.

—El doctor los está esperando.

Jessica sonrió inmediatamente.

—Perfecto.

Sin embargo, el enfermero negó con la cabeza.

—Solo los pacientes deben ingresar al consultorio.

Jessica parpadeó.

—¿Disculpe?

—Son indicaciones médicas.

La sonrisa desapareció lentamente del rostro de Jessica.

No parecía gustarle la idea.

—Pero soy parte del proceso.

—Lo siento, señora.

Jacob ni siquiera intervino, simplemente continuó caminando. Aurora sintió la tensión de su hermana desde varios metros de distancia. Finalmente, Jessica tuvo que quedarse en la sala de espera. Aquello no mejoró su humor. Minutos después, Aurora y Jacob entraron en el consultorio principal. El médico se levantó para recibirlos.

Era un hombre joven. Probablemente rondaba los treinta años. Tenía una apariencia profesional y una sonrisa amable.

—Bienvenidos. Soy el doctor Martín Herrera.

Aurora estrechó la mano que él le ofrecía.

—Mucho gusto.

El médico sonrió.

—Un placer conocerla.

Por alguna razón, la sonrisa permaneció un segundo más de lo necesario.

Jacob lo notó.

Y el doctor también pareció notar la presencia intimidante del hombre junto a ella, la atmósfera cambió de inmediato.

—Por favor, tomen asiento — Aurora obedeció. Jacob se sentó a su lado. El médico abrió una carpeta digital. —He revisado el informe preliminar enviado por sus asistentes.

Mientras hablaba, sus ojos regresaban ocasionalmente hacia Aurora, nada exagerado, nada impropio. Pero suficiente para llamar la atención de Jacob, la mandíbula del empresario se tensó, el doctor continuó revisando documentos.

—Según el expediente, ustedes desean iniciar un procedimiento de fertilización in vitro para lograr un embarazo exitoso.

Aurora sintió una pequeña sensación de alivio. Al menos alguien estaba respetando el acuerdo original, pero entonces ocurrió.

—No.

La palabra salió de Jacob antes de que el médico terminara la frase. El doctor levantó la vista ante la interrupcion abrupta de Jacob.

—¿Perdón?

Jacob apoyó ambos brazos sobre el escritorio, su mirada se volvió firme, autoritaria, inapelable.

—Quiero conocer el estado de salud de mi esposa.

Aurora giró la cabeza hacia él, el corazón comenzó a latirle con fuerza, el médico frunció ligeramente el ceño.

—Eso forma parte del procedimiento.

—No me interesa el procedimiento.

El consultorio quedó en silencio.

—Quiero saber si está sana.

—Señor Alarcón...

—Quiero saber si puede concebir hijos de manera natural.

La carpeta quedó olvidada sobre el escritorio. Aurora sintió cómo la sangre abandonaba lentamente su rostro.

El doctor alternó la mirada entre ambos.

Era evidente que aquella conversación acababa de tomar un rumbo completamente distinto al que esperaba.

Y por primera vez desde que llegaron a la clínica, Aurora tuvo la sensación de que algo mucho más peligroso que un simple examen médico acababa de comenzar.

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