El regreso a la residencia Alarcón transcurrió bajo una calma engañosa.
Desde el exterior, cualquiera habría pensado que se trataba de una familia privilegiada disfrutando de una tarde normal. Los jardines perfectamente cuidados, las fuentes de mármol, los vehículos de lujo estacionados frente a la entrada principal y el impecable personal de servicio componían una imagen de estabilidad absoluta.
Pero las apariencias rara vez reflejaban la verdad.
Y detrás de aquellas paredes se estaban ges