EZRAN
El silencio tiene garras esta noche. Se aferra a las paredes, a las sábanas, a mis pulmones. Solo el aliento de Gracias, frágil e irregular, perturba esta inmovilidad. Ella finalmente duerme o, al menos, su cuerpo cede al agotamiento, pero sé que su mente aún vaga en el abismo. Sus párpados a veces tiemblan, sus dedos aprietan la tela como si intentara aferrarse a ella para no hundirse.
Permanezco sentado, inmóvil, la mano siempre cerca de la suya. No me atrevo a dormir. ¿Cómo podría? Sus