Mundo ficciónIniciar sesiónLIDIA
El techo blanco de la habitación del hospital es mi único horizonte. Un blanco neutro, indiferente, que absorbe las lágrimas sin guardar rastro de ellas. Dentro de mí es un campo de ruinas. Un vacío negro y frío que ha aspirado todo lo demás: la esperanza, el miedo, la espera. Solo queda el dolor, un dolor físico, atrozmente concreto, y ese otro dolor, más insidioso, que roe el alma.
Él lo







