EZRAN
El desayuno termina en una dulce quietud. Cada bocado, cada mirada compartida parecía sellar un poco más nuestra burbuja de felicidad. Liam y Soren se retiran con una discreción notable, dejando tras de sí el calor del café y el rastro silencioso de su dedicación.
Sin embargo, una sombra persistente, minúscula y tenaz, araña en el fondo de mi mente. Las llamadas perdidas de Lidia. Una deuda con la realidad que no puedo ignorar indefinidamente. Mientras retiramos los platos, mi mirada es i