EZRAN
La noche se estira como una lengua fría. Se arrastra, abraza cada rincón de la casa, se infiltra bajo las puertas, se insinúa en mis pensamientos. Camino en círculos en silencio, porque el más mínimo sonido me aterrorizaria, el más mínimo sonido podría despertar a Gracias y devolver a su rostro el destello doloroso de ayer. Pero soy yo quien está despierto. Soy yo quien lleva la vigilia de los vivos.
Permanezco de pie mirando el reloj. Medianoche. Una. Dos. Los números brillan con la mism