Capítulo 60
La noche estaba tranquila, demasiado tranquila para un reino sostenido por secretos milenarios y pactos oscuros, forjados en el engaño y la ambición desmedida. Un silencio antinatural se cernía sobre la imponente mansión del Rey Alfa, un silencio que solo el viento helado se atrevía a romper, susurrando entre las almenas y las gárgolas. Henrik, con las manos entrelazadas a su espalda en un gesto de calculada calma, se paseaba por el pasillo principal como si la vasta edificación ya le pertenecie