Capítulo 59
El humo aún flotaba en el aire del castillo, denso y acre, como un velo fantasmal que danzaba entre la realidad tangible y el caos desatado. La explosión, una herida en la noche, había dejado profundas grietas en los imponentes muros del bastión del Rey Alfa, y con ellas, fisuras irreparables en el orden y la aparente invulnerabilidad de su reinado. Las alarmas, estridentes y persistentes, seguían resonando por los corredores, su agudo lamento mezclándose con los gritos desesperados de los solda