Alfa Ava
Me desperté envuelta en calor.
No era el calor de un cuerpo cercano ni el de unas manos conocidas. Era el calor de la habitación: el aire tibio, el aroma a velas encendidas, la suavidad de las mantas gruesas sobre mi piel.
Por un momento, pensé que todo había sido un sueño.
Que la huida, la pelea, la hechicera… incluso el lobo pícaro muerto, todo eso había sido una pesadilla extraña.
Pero cuando me moví bajo las mantas, el dolor agudo en los músculos, las marcas de garras en mi costado