Alfa Ava
El olor a incienso y cera quemada me llenaba las fosas nasales antes de siquiera abrir los ojos. El aire estaba espeso, cargado de algo antiguo, pesado… casi como si pudiera cortarse con un cuchillo.
Mi cuerpo dolía, cada músculo, cada costilla y mi cabeza palpitaba con un eco lejano que apenas reconocía como mío.
Cuando parpadeé, lo primero que vi fue luz. No la luz brillante y dura del sol, ni la cruda de una antorcha. No. Eran velas. Decenas… tal vez cientos de velas encendidas, es