El sueño no llegó fácilmente. Cada vez que cerraba los ojos, veía el campo estéril del quirófano clandestino, las manos enguantadas moviéndose con precisión sobre una herida que no debía existir, la mirada impasible del guardia que observaba cada uno de mis gestos. Y la pregunta, esa pregunta que Félix había plantado en mi mente como una semilla venenosa: ¿Importa?
¿Importaba si la historia de la madre y las hermanas del sicario era cierta? ¿Importaba si había salvado una vida por compasión o p