La revelación fue un golpe maestro del Discípulo, tan elegante como despiadado. El ático de lujo, el mismo que habían asociado con la derrotada Alba Torres, era el nido operativo de "la Araña". Era una jugada psicológica brillante: esconder un activo crucial a plena vista, en un lugar que sus enemigos considerarían quemado, neutralizado. Un recordatorio de que subestimarlo era un error fatal.
Félix contuvo el impulso inmediato de ordenar un asalto. La rabia hervía bajo su piel, un deseo primitivo de reducir ese nido a escombros. Pero el estratega en él prevaleció. Asaltar el ático sería ganar una batalla y perder la guerra. La Araña era un eslabón, no el cerebro. Y los eslabones, cuando se estudian, pueden llevar a la cadena completa.
—Cambio de planes —declaró, su voz era calmada pero cargada de una intensidad feroz—. No vamos a capturarla. Vamos a estudiarla. Gael, quiero ese ático convertido en un acuario. Cámaras, micrófonos, sensores de movimiento. Quiero saber a qué hora respira