La madrugada encontró al centro de mando sumido en una actividad febril. La tensión de la gala había cedido, reemplazada por la urgencia fría de capitalizar cada fragmento de información obtenida. La mujer rubia era un fantasma que se esfumó, pero su aparición fue un regalo: una confirmación tangible de la red del Discípulo y su audacia.
—Amplifica la búsqueda —ordenó Félix, su rostro iluminado por el resplandor azulado de las pantallas—. Esa mujer no es un soldado. Es un nivel superior, un coo