La decisión estaba tomada. El plan "Saturación" se puso en marcha con la frialdad de una operación militar de alto nivel. Gael, convertido en el director de orquesta de esta sinfonía de datos, trabajó durante veinticuatro horas seguidas, sus ojos inyectados en sangre reflejando el brillo de una docena de pantallas. No se trataba simplemente de abrir las compuertas, sino de crear un torrente inteligente: un diluvio de información veraz pero abrumadora, diseñada para paralizar la capacidad analít