El aire en la galería era denso, cargado con el olor a papel fotográfico antiguo, polvo y la colonia amaderada de Santoro. Sus palabras, su explosión de ira y luego esa oferta retorcida, colgaban entre nosotros como un hacha.
¿Te vas? ¿O te quedas?
Mi mirada recorrió la galería de horrores una vez más. Las fotos de su infancia dura, su ascensión criminal, los cuerpos de sus enemigos… y luego yo. Mi dolor, mi vida trivial, capturada y archivada como otro paso en su camino. Era la confesión más p