La ambulancia se deslizaba por la autopista nocturna, alejándose del infierno del búnker. El runrún del motor era el único sonido estable en el caos de sus mentes. Félix yacía inconsciente en la camilla, los vendajes de Clara ya mostraban manchas rojas oscuras. La pérdida de sangre era crítica.
Clara, arrodillada a su lado en el espacio reducido, tocó el hombro de Amanda, quien observaba el camino por el espejo retrovisor con una concentración feroz.
—No al HUSA —dijo Clara, su voz era un susur