La palabra "Embarazada" seguía grabada en la retina de Clara, un fantasma digital que la perseguía cada vez que cerraba los ojos. Pasaron los días y la rutina se volvió una farsa elaborada. Cada mañana, un meticuloso ritual de maquillaje para disimular su palidez. Cada comida, una batalla silenciosa contra náuseas que sofocaba con sorbos de agua con limón y galletas insípidas que Anya le proveía en secreto. Su desempeño como Directora Médica era impecable, casi sobrehumano, como si demorarse un