El ruido cesó. No de golpe, sino como un animal que, tras una larga cacería, se recuesta exhausto. El zumbido de las máquinas en la sala de control fue el primer sonido que Clara reconoció como ajeno al caos. Luego, su propia respiración, calmándose al ritmo de la mano de Félix en la suya. Él no dijo una palabra mientras la guiaba fuera de aquel centro nervioso ahora bajo el control meticuloso de su equipo. Atravesaron pasillos silenciosos, flanqueados por hombres que, al verlos pasar, bajaban