XXIX

Me acostumbre de nuevo a la soledad, en aquellos hermosos parajes disfrutaba mucho de ella mientras me permitía respirar un poco de naturaleza. Adoraba los atardeceres en la playa, la calidez del clima, la lluvia de las tardes, la brisa marina que me acompañaba en mis largas caminatas y en los miradores oceánicos con vista a las islas y a la bahía. Adoraba aquel lugar, con todo lo qué implicaba, en parte también era tan grato para mí porque me recordaba a los tiempos en que Alexander me amaba.
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