Mi hermana me rogó por lo más sagrado que teníamos en este mundo que eran nuestros hijos que no le dijera nada a Alexander, ella no lo amaba ciertamente pero no podía soportar la idea de desprestigiarse de esa manera... Casada con un hombre y embarazada de otro si eso llegaba a saberse definitivamente que su valor social caería en picada. Así que accedí a mantener el silencio, no por ella ni por su bruto marido sino por los niños ya habían pasado por demasiado, no merecían más sufrimiento.
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