Lo detestaba. Lo detestaba con cada fibra de mi ser, con la misma intensidad con la que en algún momento lo había adorado. Ya no era el hombre del que me había enamorado, de hecho aquel patán nisiquiera se le acercaba.
Alexander Batista era un cabellero, un hombre noble, amoroso, dulce, gentil y leal. También era un excelente amigo, un confidente al que le podías contar todos tus secretos por eso se mi hizo tan fácil enamorarme de él cuando éramos jóvenes.
Al principio fue mi amigo es cierto