—Está bien, no pasa nada —respondí con una sonrisa tensa, intentando restarle importancia al asunto.
Por dentro, mi mente era un caos de preguntas. ¿Por qué le importaba ahora haberme gritado? Él siempre se había mostrado como un hombre frívolo, alguien desprovisto de cualquier rastro de empatía. Rodrigo no dijo nada más; simplemente asintió con la cabeza y volvió a sumergirse en los papeles sobre su escritorio, dándome a entender que la audiencia había terminado. Salí de allí con un sabor a