La noche con Layla fue el refugio que tanto necesitaba. Entre risas, películas y charlas que se extendieron hasta la madrugada, logré olvidar por unas horas la presión de mi doble vida. Me quedé a dormir en su sofá, sintiéndome, por primera vez en años, simplemente una chica común.
Sin embargo, el amanecer llegó demasiado pronto. Me despedí de Layla con un abrazo rápido y corrí hacia mi casa; no podía permitirme llegar tarde al trabajo, y mucho menos enfrentar las consecuencias de mi ausencia