Me alejé del apartamento de Alexandra, sintiendo un vacío en el pecho. La ciudad se deslizaba por las ventanas del coche como un borrón, mientras yo intentaba procesar lo que había hecho.
Llegué a la mansión de la playa, donde Regina me esperaba con una sonrisa triunfante. Me bajé del coche y me acerque a ella, intentando sonreír.
"¿Cómo te fue?", preguntó, su voz llena de curiosidad.
Me encogí de hombros, intentando parecer indiferente. "Se acabó", dije.
Regina sonrió, satisfecha. "Excelente", dijo. "Ahora podemos concentrarnos en nuestro futuro juntos."
¿Nuestro futuro? ¿Qué futuro? Me casaría con ella, solo para cumplir con mi deber, pero mi corazón seguiría perteneciendo a Alexandra.
Regina se acercó a mí, rodeándome con sus brazos. "Me gustas mucho Rodrigo", dijo, con su voz seductora.
Me alejé de ella, intentando poner distancia entre nosotros. Pero ella se acercó nuevamente a mí, con sus ojos llenos de lágrimas.
"Rodrigo, no me alejes", dijo, su voz temblando.