Sali de la sala de reuniones, y me senté en mi escritorio, con el rostro sombrío, luchando por contenerme, comencé a trabajar, como si no hubiera pasado nada, me perdí en las tareas, queriendo olvidar el dolor que me consumía por dentro. La sala seguía llena de risas y felicitaciones, con Regina sonriendo y abrazando a los colegas, pero yo estaba en mi propio mundo, un mundo donde no había lugar para la felicidad.
Mi mirada se perdió en la pantalla de la computadora, pero mi mente es