De repente mi teléfono sonó, era un mensaje de Layla. "¿Cómo estás? ¿Quieres que nos veamos después del trabajo?, decía en el mensaje.
¿Cómo iba a poder explicarle todo esto a Layla?. Le escribi una respuesta, corta. "Estoy bien, solo un poco ocupada. ¿Qué tal si nos vemos mañana?"
Layla respondió de inmediato. "Claro, ¿qué pasa? ¿Estás segura de que estás bien?"
Me sentí vulnerable, ¿cómo iba a poder mentirle a Layla? Pero no quería hablar de esto por teléfono. "Mañana te cuento, ¿ok?" escribí, queriendo sonar casual.
Me levanté de mi silla y me dirigí al baño, necesitaba un momento a solas para recomponerme. Me miré en el espejo, ví mi rostro pálido y demacrado. "Vamos, Alexandra, puedes hacerlo", me dije a mí misma, buscando encontrar un poco de fuerza para seguir resistiendo.
Me encerré en un cubículo del baño. Respiré hondo una y otra vez, pero mis lágrimas amenazaban con salir, ya no podía conternalas más. Me senté en el inodoro, con la cabeza entre las