( Rodrigo)
La oscuridad de la noche envolvía todo a nuestro alrededor, solo iluminada por la luz de la luna que se filtraba a través de las cortinas. Alexandra se acurrucó en mis brazos, su respiración suave y tranquila. Yo la abracé con fuerza, sintiendo una sensación de paz y felicidad que no había experimentado en mucho tiempo.
La noche había sido perfecta, desde el momento en que la había visto sonreír hasta el momento en que la había besado. Todo había sido como un sueño, y no quería que terminara nunca.
Pero la noche no duró para siempre. El sonido del teléfono me despertó de mi sueño, y me senté en la cama, frotándome los ojos. Alexandra se despertó también, mirándome con ojos somnolientos.
"¿Qué pasa?" preguntó, su voz suave.
"No lo sé", respondí, mirando el teléfono. "Es mi asistente. Debe ser importante".
Me levanté de la cama y contesté el teléfono, escuchando la voz ansiosa de mi asistente al otro lado de la línea.
" Rodrigo, lo