( Rodrigo)
La oscuridad de la noche envolvía todo a nuestro alrededor, solo iluminada por la luz de la luna que se filtraba a través de las cortinas. Alexandra se acurrucó en mis brazos, su respiración suave y tranquila. Yo la abracé con fuerza, sintiendo una sensación de paz y felicidad que no había experimentado en mucho tiempo.
La noche había sido perfecta, desde el momento en que la había visto sonreír hasta el momento en que la había besado. Todo había sido como un sueño, y no que