La cena había sido deliciosa, y el vino había corrido con fluidez. Rodrigo había puesto todo su corazón en cada detalle. La mesa estaba llena de velas, y la música suave creaba un ambiente íntimo y acogedor.
Después de la cena, Rodrigo se levantó y me ofreció su mano. "Vamos a disfrutar del atardecer", dijo, con una sonrisa.
Me llevó al jardín, donde había preparado un lugar especial. Había una manta suave extendida en el césped, y una botella de vino enfriándose en un balde con