Capitulo 38

‎ La cena había sido deliciosa, y el vino había corrido con fluidez. Rodrigo había puesto todo su corazón en cada detalle. La mesa estaba llena de velas, y la música suave creaba un ambiente íntimo y acogedor.

‎Después de la cena, Rodrigo se levantó y me ofreció su mano. "Vamos a disfrutar del atardecer", dijo, con una sonrisa.

‎Me llevó al jardín, donde había preparado un lugar especial. Había una manta suave extendida en el césped, y una botella de vino enfriándose en un balde con hielo. La vista del atardecer era impresionante, y el cielo estaba lleno de colores rosados y naranjas.

‎"Es hermoso", susurré, sintiendo la mano de Rodrigo en mi cintura.

‎"Me alegra que te guste", respondió, acercándome a él.

‎Nos quedamos un largo rato allí, disfrutando del silencio y de la compañía del otro. La noche era cálida y perfumada, y sentí que estaba en el lugar perfecto.

‎Finalmente, Rodrigo se levantó y me tendió la mano. "Vamos a casa", dijo, sonriendo.

‎A
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