Alexia y Nicholas estaban acostados sobre la cama, ella abrazada su pecho y acariciando su cabello distraídamente, jamás se sentido tan bien en la vida.
Lo cierto era que no quería dejarla ir a ninguna parte, quería protegerla de todo, su hembra era muy frágil y delicada.
Después de la cena no habían esperado demasiado tiempo ingresándose a su casa donde Nicholas la había hecho suya una y otra vez.
El que ella le dijera que quería casarse con él cuanto antes había desatado a su lobo.
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