Desde que Alexia volvió con Verónica de la cocina comenzó a ayudarla desenvolviéndose perfectamente como si llevara años en la familia. El lobo no pudo apartar la mirada de ella ni por un segundo, el sonido de la melodiosa risa de su hembra, no podía ser ignorado al igual que la calidez del ambiente familiar que los envolvía. Lo hacía sentir extasiado, pero al mismo tiempo era como si no quisiera compartirla por ningún motivo.
Cuando ella sirvió su plato, sus ojos se encontraron y sus mejilla