La cocina estaba llena del olor a bougatsa recién horneada.
Alexia estaba sentada en la encimera todavía con el pelo hecho un desastre y una sonrisa que no se le quitaba de la cara.
Las gemelas entraron desde el porche con las mejillas rojas por el frío y soltando risitas cómplices.
Alyssa fue la primera en oler el postre.
—¿Bougatsa? —gimió encantada—. ¡Que rico! ¡Yo quiero! Aria, vas a alucinar con lo bien que saben, papá es el mejor haciendo postres.
—Eso me ofende mucho, señor