Él se apresuró para llevarme a la cueva de la que me había hablado aunque para ese momento ya habíamos terminado completamente empapados con el agua de lluvia.—Encenderé una fogata para que entres en calor.No temas, voy a protegerte hasta que encontremos a tus amigos, señorita.El hombre insistía en llamarme "señorita", como si unos minutos antes no me hubiera preguntado mi nombre pero extrañamente el tono empleado por él al murmurar esa palabra simplemente me encantaba y seducía a la misma vez.Y no se trataba solo por el tono de su voz, sino también por ese acento que usaba.No sé de donde venía pero bendecía ese país y a sus hombres, porque era obvio que no era de por aquí.Pronto me mordí el interior de mi mejilla para no sonreír por mis pensamientos.Él me dejó sobre el suelo de la cueva con delicadeza y seguí sus movimientos con mi mirada.Él era un hombre grande, demasiado, sin embargo su destreza era admirable.—Probablemente si hubiera salido sola del mar hubiera estado com
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