La sala de observación era amplia, silenciosa y perfecta para el trabajo que desarrollarían en los próximos meses. Estaba equipada con toda la tecnología que él había solicitado —y por la que tanto había insistido—, y no podía evitar sonreír al ver cumplidas sus expectativas. Por fin lo tenía todo. Y no veía la hora de ponerlo a prueba.
Pasó las manos por las consolas, prácticamente acariciándolas.
Levantó la mirada y su sonrisa se ensanchó al ver a Gemma.
Ella estaba al otro lado del cristal, e