Gemma sonrió mientras se acurrucaba junto a Sebastian en el sillón. Por primera vez desde que habían regresado del hospital, estaban solos. Al fin su familia había dejado de rondar a su alrededor con esa preocupación constante que la hacía sentir como si fuera de cristal. Sabía que era porque se preocupaban por ella, pero a veces podían ser un poco —demasiado— intensos. Aunque resultaba un tanto divertido, no iba a negar que se sentía bien tener un respiro antes de que volvieran a la carga porq