Sebastian habría podido llorar de alivio la primera vez que Gemma despertó. Aunque los médicos le habían asegurado que ella estaba bien, no lo creyó hasta que había visto abrirse sus hermosos ojos. Solo entonces, había sentido que todo volvía a estar en su lugar y que podía respirar con normalidad.
En la noche apenas había dormido, comprobando constantemente que ella estaba bien.
—No puedo respirar —murmuró Gemma, y Sebastian no pudo evitar sonreír.
Tal como había adivinado, los padres de ambos