Gemma distinguía una mezcla confusa de sonidos a su alrededor: un pitido constante, voces lejanas y pasos que se perdían en la distancia. El aire estaba impregnado de un olor demasiado familiar, aunque tardó unos segundos en reconocerlo. Entonces lo supo. Ese aroma aséptico y clínico, solo podía pertenecer a un hospital.
En cuanto la palabra cruzó su mente, un pánico súbito le atenazó el pecho, incluso antes de recordar por qué. No fue más que un instante, porque enseguida recordó lo sucedido.