Sebastian entró en la sala con Gemma en brazos y una sonrisa tan amplia que nada podría borrársela del rostro. Iban a tener un hijo y por más primitivo que sonara, aquello significaba que Gemma estaría unida a él para siempre.
Su familia y la de Gemma dejaron de conversar y los miraron, con evidente curiosidad.
—¡Vamos a tener un bebé! —anunció con orgullo.
Se hizo un silencio sepulcral en la habitación que duró apenas un par de segundos, hasta que un chillido emocionado escapó de los labios de