Gemma soltó un bostezo mientras el sol se escondía tras el horizonte. Estaba agotada. Sebastian había planeado cada instante de su día. Después de instalarse en la habitación del resort, habían salido a caminar por los alrededores y almorzado cerca de un pequeño lago a pocos kilómetros de allí. Más tarde se subieron a un bote y Sebastian remó hasta el medio del mismo y se quedaron allí, hablando y riendo.
Al regresar al hotel, terminaron haciendo el amor con una lentitud tortuosa, pero placente