Frodo. 5
Entre los arbustos, detrás de las mesas del patio, algo brilló, no era un destello cualquiera, sino un par de ojos amarillos que la observaban, fijos, inmóviles, como dos carbones encendidos en la penumbra, su respiración se detuvo por un segundo, pero antes de que pudiera reaccionar, un grito la devolvió bruscamente al presente.
— ¡Hey, maldito pajarraco! — gritó Thomas con desesperación.
Aileen parpadeó y volvió la mirada hacia la mesa, el cuervo había aprovechado un descuido para inclinarse