Compresión. 3
En cuanto la espalda de Aileen tocó las sábanas, Leo no le dio tregua, con un movimiento rápido y hábil, le despojó de las pantimedias, arrugándolas entre sus manos antes de arrojarlas al suelo, ella, entre risas nerviosas y un cosquilleo de anticipación, apenas alcanzó a protestar cuando lo vio desabotonarse la camisa y quitarse el cinturón con la misma fiereza.
— ¿Y ahora qué? — murmuró Aileen, con una sonrisa juguetona, mientras sus ojos recorrían el torso de Leo.
Él arqueó una ceja, incliná