Comprensión. 1
Aileen salió de la oficina del director con un suspiro cansado, ajustándose las mangas de su vestido mientras bajaba por el pasillo silencioso, la mayoría de los estudiantes ya habían salido, el colegio estaba casi vacío, pero allí estaba él: Leo, recargado contra la pared con unas cuantas hojas en la mano.
En cuanto levantó la cabeza y la vio, sus ojos se iluminaron y una brillante sonrisa se dibujó en sus labios, de esas que parecían borrar cualquier sombra de malhumor.
— Al fin, duende tardo