Los días siguientes a aquella noche en la habitación fueron un tormento para Alessandro. Se obligaba a mantenerse alejado de Anya, a recordarse a sí mismo que ella no era más que un castigo impuesto por su familia, una deuda de sangre que debía cobrarse con sufrimiento. Pero cada vez que la veía—su piel marcada por los castigos, su mirada desafiante a pesar del miedo—algo en él se quebraba.
Su madre seguía exigiéndole crueldad. "Hazla sufrir", le repetía con esa voz fría e implacable que lo hab