Lilia despertó con la tenue luz del amanecer filtrándose por las cortinas de su habitación. Lo primero que sintió fue el aroma a rosa negra impregnando el aire. Parpadeó lentamente y, al girar su rostro sobre la almohada, encontró sobre la sábana inmaculada una carta cuidadosamente doblada junto a una única rosa negra. Su corazón latió con fuerza. Solo Nikolái podía ser tan enigmático y apasionado a la vez.
Con manos temblorosas, abrió la carta y leyó su caligrafía firme y elegante:
Mi Lilia,
Ho