Lilia se ajustó el abrigo y se aseguró de que nadie la estuviera siguiendo antes de acercarse a la enorme mansión Petrov. No era la primera vez que intentaba ver a Anya.
Lo había hecho en varias ocasiones, siempre con la misma respuesta: "El señor Petrov no ha autorizado visitas."
Pero eso no la detenía.
Cada vez que iba, terminaba hablando con Anya a través de las rejas, susurrando entre el frío y la distancia, tratando de hacerle saber que no estaba sola. Que Nikolai y ella aún intentaban saca