El sol de la tarde se filtraba por los enormes ventanales del restaurante privado, dándole un brillo dorado al cabello perfectamente peinado de Isabella Volkov. Sentada con elegancia en la mesa, sostenía una copa de vino mientras observaba a Débora Petrov con una expresión neutra.
La joven Petrov cruzó las piernas con un movimiento pausado y estudiado. Vestía un traje entallado, blanco como el mármol, y su mirada reflejaba la frialdad calculadora de alguien acostumbrada a mover piezas en el tab