El reloj marcaba las dos de la madrugada cuando Anya empujó la puerta del dormitorio de Leonard.
El sonido de la tormenta afuera cubría el leve crujido de la madera bajo sus pies descalzos. La mansión estaba en absoluto silencio, pero su corazón latía como un tambor en sus oídos. Él estaba ahí. Sentado en el borde de la cama, con la cabeza entre las manos, como si estuviera luchando contra algo dentro de sí mismo.
Sus ojos se levantaron cuando sintió su presencia. Se congeló al verla de pie en l